Mi reflejo en un niño

Hace unos días, un gran amigo de mi tío me pidió ayuda con un sitio web.

De inmediato le dije que sí. Lo considero alguien muy genial. Y en otras ocasiones me he rendido una mano. Así que le invité a casa para trabajar en mi laptop y hablar un poco.

Fue al día siguiente a la hora acordada y llevó a su hijo. El chico al inicio era distante pero no tuve problema con eso. A los pocos minutos ya parecíamos hermanos.

Le mostré un efecto de magia y le actualicé algunos juegos su tableta.

Ese niño me hizo pensar en mí en el pasado. Me vi reflejado en él. Y en silencio, me conmovía tanto él como el chico que fui yo alguna vez.

No tardé en imaginarme teniendo un niño como él a mi cargo para cuidarle, que me comentara sus necesidades y poder resolverlas sin esperar nada a cambio. También me imaginé llevándolo al cine, brindándole un helado. O ir en carro siendo él mi copiloto y ambos con lentes de sol mientras oímos música y visitamos a conocidos.

O algo tan simple como tomarnos fotos haciendo muecas y caras locas.

Al rato mi amigo se fue con su hijo pero yo aún quedé fascinado. De todas formas no estoy sin nada en manos. Dentro de mí hay un niño que desea cosas y que espera con ilusión un héroe fascinante, divertido y cool, se las de y lo lleve a volar.

Y ese héroe ya ha cobrado vida, escribe estas líneas y desea hacer su tarea 😉

A mover hierro

Bueno sí, empecé a asistir al gimnasio.

No es primera vez que voy a uno. Hace pocos años estuve inscrito en uno cerca de mi residencia. Y era constante, no faltaba. Pero no tenía una motivación ni una razón suficientemente sólida para asistir. Me explico: es bueno ir al gimnasio. Aunque no me gustaba el ambiente superficial y tan enfocado en la imagen —sí, soy de ideas profundas—. El entrenador de esa vez tampoco me prestaba mucha atención… Y bueno, tú vas al gimnasio, desarrollas masa muscular y te ves mejor. Y ya está.

Dichos argumentos no me convencían plenamente. Vino un aumento de la mensualidad que no quise asumir y fue cuando dejé de ir.

Llegué a ver cambios en mi cuerpo, con los cuales estuve a gusto, pero hasta ahí. Me parecía un poco tonto tanto esfuerzo para que uno se viera —y lo vieran— mejor. ¿Y eso para qué? Si era para ligar más, igual no me convencía. ¿O para gustar más o transmitir miedo con esos músculos? Realmente lo veía tonto.

Pasó el tiempo y cambiaron muchas cosas. Y no sé cómo, pero empecé a desear poder. No sobre cosas, personas, sino poder sobre mí. Y conocí interesantes filosofías y fuentes de poder en mí. Muy notable una que cultivé bastante, el autoconocimiento, a un nivel más que aceptable. Pero me hacía falta algo más. Algo que incluso pudiera cansarme, agotarme.

Ahora estamos en la era de la información. La información y el conocimiento también son poder y fluyen constantemente. Y vaya que llegó un valioso conocimiento a mis manos

Resulta que para cualquier cosa que te propongas conseguir, necesitarás de una herramienta clave. Y es tu cuerpo. Y no me refiero solo a fuerza en musculatura. También incluye cosas como la resiliencia.

¿Verdad que para talar un árbol, es mejor un hacha afilada que otra con el filo estropeado? O una computadora en óptimas condiciones si eres diseñador gráfico…

Hasta al jugar videojuegos de conducción —mis preferidos— siempre selecciono el vehículo más potente en mi arsenal.

Ahora bien, ¿a qué se deben estas decisiones? Pues fácil: a las ventajas que nos da dicha selección, que otra no es capaz de darnos.

Solemos escoger las mejores herramientas para nuestras actividades. ¿Por qué no hacer lo mismo con el cuerpo?

Una musculatura óptima es como un filtro que expele del cuerpo toxinas que se producen debido al estrés. Es decir, estarás más relajado y serás más propenso a sentirte feliz.

Luego el ejercicio, que también te impide caer en la depresión, te hace liberar endorfinas que te hacen sentir bienestar y te hace regenerar nuevas neuronas en el cerebro… ¡Te hace más listo, inteligente! Más creativo incluso.

La testosterona liberada, que desarrolla agallas, arrojo, valentía para emprender cosas y no tirar la toalla.

Y ni hablar de la alimentación, algo en lo que ya empecé a hacer cambios.

Ahora que estoy en gimnasio de nuevo, sigo asistiendo sin falta. Hoy fue un día notable, porque quise faltar, estuve agotado. Pero me he acordado de todo esto y asistí de todas formas. Estoy muy satisfecho con mi decisión, por lo que voy con gusto a mover hierro y a convertir este cuerpo en mi mejor y más poderosa herramienta para lograr lo imposible y sobre todo ese cerebro capaz de dar grandes y creativas soluciones… Aparte de un atractivo aspecto, como consecuencia y evidencia de una gran salud y no a costa de la misma.

No hace falta decir que lo recomiendo a quien desde.

¡Saludos y muevan hierro!

Algo más que un cumplido…

Es mediodía del 30 de julio, justo el momento que escogió K, una chica artista y muy especial, para recuperar contacto conmigo y decirme que en una foto de perfil, me veía “muy interesante”.
Me hizo gracia por dos motivos:

1) Su halago, que se lo agradezco. Ni idea de lo que percibió de interesante. Pero es su experiencia, su realidad y no la juzgo. Me gusta que la gente se exprese sobre la subjetiva realidad que percibe. Es el arte mental que sus neuronas crean para ella.

2) Su manera de iniciar contacto usando un halago, una manera totalmente válida, concisa y correcta, desde el punto de vista de K, como la mujer que es. Porque más allá de que me diga que estoy guapo, entre líneas está muy claro el mensaje “Hey Chris, quiero hablar contigo”. Solo falta la sirena y la luz intermitente.

Y a mí no me queda más que atender dicha petición de contacto 😉
Y por otro lado y siendo muy sinceros, hay algunos halagos que me gustarían aún más
¿Cuales? Pues escuchar o leer. Similares he recibido pero no con mucha frecuencia:

  • “Creo que podría robarte un beso, chico, me tiendas demasiado”
  • “A veces deseo sentirme abrazada en tus brazos”
  • “En besos en el cuello te imaginé…”

Sé que cosas de este tipo a algunas chicas, en ciertas situaciones, puede ser exponerse mucho, pero sí que es lo que en mi caso al menos, despierta esa chispa emotiva transmisora de tantas emociones.

En fin… Tocará hacerse sentir mucho más, para pillarlo más seguido. O desarrollar alguna manera de telepatía para escucharles las emisiones cerebrales. O como siempre, dar el puto paso adelante y punto! 😉

El poder

¿Sabes algo? El poder me encanta.

Y también me encanta darle el mejor uso para el bien común.

Y tú, siendo una criatura bella y cautivadora, eres también muy vulnerable. Te veo y más aún deseo el ser poderoso, fuerte e invencible. Por ti y para ti.

Pero hay un problema y es que… No me verías como tu semejante. Te parecería irreal y distante. Nada cercano.

Así que un día tuve que escoger. ¿Y sabes que decidí? El ser vulnerable.

Ahora puedo sufrir cortadas, caídas, hambre, soledad, mi corazón puede ser roto y podría hasta morir.

Ahora no nos diferencia nada. Ya no somos distantes. Ahora sí soy semejante a ti.

¿Pero sabes? En mi mente se ha quedado la esencia de la fuerza y el poder. Ahí se quedará conservada. Y mientras mi cuerpo resista y la vida me lo permita, eso basta para cuidar de ti.

😊

Ser inteligente (Humor)

Alguna vez, una mujer me dijo que no le gustaban los tipos inteligentes, porque sólo traían problemas.

Y lo cierto es que tenía razón.

Hitler, por ejemplo, era un lector empedernido y tenía una biblioteca personal de unos 16000 libros.

Otro tipo inteligente, Einstein, hizo unos aportes bárbaros en la física… Y se usaron para bombardear Japón en la Segunda Guerra Mundial.

¿Más? Los psicólogos podemos descifrarte con la mirada, para someterte como Pavlov a su perro.

Los ilusionistas, con la distracción y esas ideas para los efectos de magia, manipulamos mientras entretenemos y de paso al final, podemos ligar un montón.

Peor aún los escritores, podemos hacerlo a distancia, igual mientras amenizamos con una lectura excitante.

¿Y si actuamos como idiotas?

Igual es un problema… Porque sigue siendo invención de un inteligente.

😄😄😄

Como tenga que venir

¿Que te transmito?

Me pregunto mucho esto. Muy seguido.

Tal vez no sea mucho, porque reconozco que muestro muy poco, aunque puede que eso cambie…

Pero no desviaré lo que digo. Y es que en mi interior, estoy con muchas ganas de darte experiencias increíbles.

¿Que no me crees? Tal vez sea hasta mejor, dejas de mi parte el factor sorpresa… Pero sí, sí quiero ser una fuente de emociones para ti.

Y es que… He vivido intensamente un momento y ahora te lo quiero devolver.

Tal vez sea porque cuando te he visto, tú has sido la primera en transmitirme algo. Y eso me ha conmovido un poco. Un gesto, una mirada, una manera de caminar, una actitud y hasta un estilo. Cosas todas que me cautivaron, y me despertaron ganas de sacar lo mejor de mí, de cuidarte y de apoyarte.

Hasta llegué a fantasear con hacerte un niño y dedicarle besos a tu vientre mientras crece.

Pero mientras, vuelvo al presente a quedarme contigo. Y que el futuro venga como tenga que venir.

Soy un humano

Una fantasía masculina recurrente es la de tener muchas chicas. No cualquiera tiene manera de conducir eso.

Y el que quiera hacerlo por el ego, no se lo recomiendo. Simplemente el esfuerzo no lo vale.

Por mi parte, soy uno de esos pocos que lo ha logrado. Y es que a espaldas de mi familia pasé de ser un chico tímido de su casa y que usa lentes, a un gigoló de alto nivel.

¿Mis razones? Nada con el ego. Tan solo deseaba tener a quien poderle servir.

Aprendí mucho sobre la sexualidad femenina. Masajes tántricos para llevar las sensaciones a dimensiones nunca antes exploradas, trucos mentales para encenderte con un chasquido de dedos y muchos interruptores erógenos en sitios clave.

Quería brindar lo mejor. Me satisface hacerlo. Por ello, no me siento más que nadie.

Y aunque suene inaudito, también deseaba tener un poco de oscuridad y turbiedad en mi vida, fuera de los ojos del mundo.

Como un pañuelo blanco con una pequeña mancha. De color rojo, tal vez…

Sin embargo, todo eso a veces cansa y en este momento, quisiera detener eso. Compartir emociones con alguien y no solo las sensaciones del cuerpo.

Ya deseo limpiar ese pañuelo blanco. Esa mancha roja no desaparecerá totalmente, sino que dejará un resto por siempre. Pero no importa. Yo lo sabía y es parte del riesgo que quise asumir.

Porque soy mucho más que un pene andante. Soy un alma manifestada en lo físico. Soy un hombre. Soy un humano.